Visitando La Mancha de los molinos de Don Quijote, de los vinos maravillosos, de los vinos a granel. (1)

IMG_4997La Mancha me enamora. Me tiene alucinado. Nací en este país hace un porrón de años y es ahora cuando estoy alucinando con mi propio país.

Uno de los lugares con los que más alucino por muchos motivos es La Mancha. Soy madrileño y tenía La Mancha muy cerca de casa. Pero los madrileños (los españoles) vamos con prisa. Queremos ir a Nueva York y Rio de Janeiro. No tenemos tiempo para ir aquí al lado. Y es ahora, después de haber recorrido bastante mundo, que los lugares más cercanos a donde nací me alucinan. Cada vez que voy me enseña algo nuevo.

Y esta vez, como todas, ocurre algo inesperado. Sé cómo empiezan los viajes, pero no sé las sorpresas que nos esperan. Estoy disfrutando como un enano. Se supone que preparo los viajes para que los que vengan conmigo tengan un buen número de sorpresas que despierten sus sentidos. Y compruebo con sorpresa que el primer sorprendido soy yo. Interior de molinoLlevo dos años y medio, desde que el proyecto Winebus salió a la luz. Después de haber recorrido multitud de bodegas y de llegar a la conclusión que lo que me apetecía era traer a otros para dar a conocer lo que yo estaba conociendo sigo disfrutando como el primer día.

O quizá más porque compruebo que el mundo del vino y su entorno es algo inacabable como el océano. Y que todo es mucho más bonito con una copa de vino en la mano.

Hemos ido a ver unos molinos increíbles en La Mancha en distintas ocasiones, y me entero, a estas alturas de la vida, que los molinos no son originarios de La Mancha. Que vienen de resolver el problema que tenían en La Mancha en el siglo XV y XVI con las sequías. Me cuentan que un molino de agua es mucho más eficiente que el de viento. Que los molinos de viento se importaron del centro Europa por parte de los adelantados de la época buscando soluciones a la búsqueda de energía para moler el grano en épocas de sequía. Y que la funcionalidad de los molinos de viento se acabó cuando apareció la máquina de vapor.

IMG_4993Visitándolos me siento como don Quijote. Y visitándolos con personas que nunca antes los habían visto es un placer aún mayor. Yo he tenido la suerte de ver cómo dos jóvenes extranjeras, ante el espectáculo de los molinos de la Mota de El Cuervo salían de estampida y se abrazaban a un coloso de 10 metros de diámetro. Pocos días después de esa anécdota recibí este email. “Muchas gracias por el viaje. Soñaré durante muchos días con los molinos de viento, con don Quijote y los vinos”. Me emocionaron estas dos jóvenes. Experiencias como éstas me permiten disfrutar y conocer al género humano.

Fueron los buscadores de nuevas tecnologías del siglo XVI los que los trajeron. Y fueron tan alucinantes, que sorprendieron a la gente de la época, de tal modo que quizá Don Quijote no estaba tan loco como pensaba, o quizá no más que sus contemporáneos que veían en los molinos de viento a gigantes.

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Ignacio Segovia

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