Plegando velas en los molinos de don Quijote.
Folding sails in the windmills of Consuegra.

Las maravillas de nuestro país

Uno es muy afortunado de haber nacido en este país y de haber visto los molinos de la Mancha en general.

Probablemente uno ha leído el Quijote o simplemente sabe de qué va.

A mí como español ya talludito me lo hicieron leer en el colegio cunado tenía 10 ó 12 años. Y no entendí una palabra. No entendía ni lo que decían ni lo que pasaba. Yo era un niño de ciudad al que la historia de un caballero de la Mancha le venía muy lejos.

Cumplí años y crecí y viajé. Me creí que había que irse muy lejos para ver cosas extraordinarias. Y así lo hice. Me fui muy muy lejos y me topé cosas maravillosas en diversas partes en el mundo entero. Y disfruté, porque no hay nada como viajar y disfrutar con los cinco sentidos.

Entonces apareció el vino en mi vida, y sus historias. Y descubrí que me encantaban las historias, que en el sector del vino se contaban unas historias increíbles. Que las historias que me contaban eran mucho mejor si las escuchaba con una copa de vino en la mano. Y empecé a descubrir mi propio país enseñando a personas queridas lo que de bonito tenía mi propio país, asombrándome yo mismo de lo que iba encontrando en muy distintos lugares.

Ahora me dedico a enseñar estos lugares a extranjeros y es para mí un placer inenarrable hacerlo con gente que ve cosas por primera vez.

Y descubro que, después de haber viajado por todo el mundo este país, España reúne auténticas joyas.

Una de ellas es la visita a los molinos de la Mancha.

 

Los Molinos de la Mancha

Ocurre en este país en muchas cosas que tienen que ser aceptadas encumbradas en el mundo entero para que los propios españoles empecemos a reconocer que tenemos un país extraordinario.

He ido muchas veces a los molinos de la Mancha, en este caso en concreto me refiero a Consuegra.

Y tengo mi premio. Mi premio es ver cosas que otros no ven. Mi premio es ver lo que otros tienen que imaginar.

Los molinos no se usan ya para moler. Hay sistemas mucho más eficientes para hacerlo. Gran parte del encanto de los molinos es que forman parte de un pasado que ya no es. Pero es un pasado que uno puede entender mucho mejor viendo esta maravilla funcionando. Los molinos de la Mancha suelen funcionar una vez al mes para deleite de los visitantes. Y eso si hay viento ese día. Así que, la probabilidad de verlo funcionando no es alta.

Y uno puede tener la suerte de verlo funcionando pero no ver como ponen o quitan  las velas como si de un barco se tratara, o plegando velas como hacemos en este caso. Porque de esta manera uno tiene menos que imaginar las cosas. Uno no tiene que escuchar como funcionaban las cosas. Un o puede hacer algo muchísimo mejor. Uno puede sentir que eso  ocurre sin necesidad de que se lo cuenten. Y a uno se le erizan el vello de los brazos de emoción.

Y entiendes perfectísimamente que Don Quijote no estaba loco. ¿Por qué estaba loco? ¿Porque pensaba que los molinos eran gigantes? ¿Sabes qué pasa? Que yo también pienso que son gigantes. Acércate a verlo con tus propios ojos y dinos qué sientes. ¿Eran gigantes o no?

Y si lo haces con nosotros probablemente lo hagamos en una bonita puesta de sol con una copa de vino en la mano.

Aquí te esperamos.

 

Escrito por

Ignacio Segovia

Ceo de Winebus.es

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